Las terapias alternativas

image-4Gustavo es psicólogo clínico graduado hace más de veinte años, ama su profesión y desde chico siempre tuvo esa vocación de ayudar a los demás; su mamá decía que ‘era buena oreja’; en otras palabras, que sabía escuchar a las personas.

Como terapeuta es un profesional muy reconocido y apreciado por sus pares. Sus pacientes -la mayoría familias y adolescentes- absorben gran parte de su tiempo, pero él busca siempre dedicar su atención a otras cosas como por ejemplo, pintar.

Un buen terapeuta tiene el deber de recibir terapia también, eso lo ayuda a mantener el balance tanto personal como profesional. Gustavo recibe terapia de su profesora, la Lic. Morales, una vez a la semana, pero confiesa que la terapia que más lo ayuda es ¡cocinar!

Siempre disfrutó de la buena mesa y del buen vino -con moderación-, hacía un par de platos que le quedaban bien pero nunca se animó a estudiar cocina hasta que vio una publicidad en una revista acerca de una escuela de gastronomía que daba cursos de “cocina para solteros” le pareció gracioso al principio, y se anotó para probar.

El primer día fue fascinante y a la vez aterrador, estaba con veinte personas en una cocina enorme y tenían que formar grupos. El se juntó con un par de compañeros y comenzaron a buscar los ingredientes para empezar a cocinar según la receta que habían visto en la clase demostrativa.

Ese curso fue el primero de muchos que tomó, y él mismo comenta que la cocina es la mejor terapia alternativa que ha probado en su vida. Dicen que cocinar es una forma de conectarse con uno mismo y a la vez con los demás, la cocina es dar lo mejor en cada plato, para cada comensal. Cocinar como terapia alternativa ¿la nueva tendencia?